Las Mujeres Chicanas de la Calle 18

Identidad, clase, raza, género, discriminación

 Un libro de la editorial de la Universidad  de Illinois  recientemente publicado relata la experiencia inédita de seis mujeres méxico-estadounidense durante los años del Movimiento Chicano en Chicago. El movimiento  chicano en  Chicago surge en la década del 60 como un intento de rescate de la identidad mexicana de los residentes mexicanos y mexicanas, por controlar su cultura, economía y vida política, y su centro fue la calle 18 del barrio Pilsen.

Teresa Sosa

En los Estados Unidos, las chicanas son las mujeres nacidas en ese país o emigradas de descendencia mexicana. Entre los años 1960 y 1970 las chicanas denunciaron su lugar discriminado dentro de la sociedad estadounidense. Por el hecho de pertenecer a otras culturas, en su caso concreto, a la mexicana, eran tratadas de forma desigual. Las mujeres chicanas se han definido como bilingües, lesbianas, bisexuales o transexuales y no como puramente mexicanas o puramente norteamericanas. Porque las chicanas podrían ser para el contexto norteamericano mexicanas o latinoamericanas, sin embargo, ellas han logrado construir una identidad cultural más específica que traspasa las fronteras nacionales de Estados Unidos y México.  Lo que las oprimía que era ser mexicanas y hablar un mal español y un mal inglés, se ha convertido en lo que más les empodera frente a la cultura dominante.

En mayo de 1971 más de 600 chicanas de diferentes lugares de EE.UU. se reunieron en Houston, para la Conferencia de Mujeres Por La Raza. Los dos más grandes talleres en esta conferencia fueron “Sexo en la chicana” y “Matrimonio en la chicana”” Una encuesta que fue tomada en la conferencia mostró que el 84% de las mujeres sentían que no se las animaba a buscar una carrera profesional y que la educación no se consideraba importante para las chicanas, el 84% pensaba que no había igualdad de remuneración por trabajo de igual valor, y 72 % sentía como si no hubiera discriminación hacia ellas por la raza.

Movimiento Chicano en Pilsen

Una serie de circunstancias conciben la formación social de un centro de arte, cultural, intelectual y de activismo político ubicado en un barrio a la orilla suroeste de Chicago, llamado Pilsen. La calle 18 es el corazón del barrio, conocido por sus murales de protesta y el lugar donde se concentran los cafés literarios y las galerías de arte de Chicago.

 En sus orígenes, en el siglo XIX, Pilsen fue poblado por inmigrantes europeos en su mayoría checos y polacos, de clase trabajadora. En los años 40 y 50, cualquier persona que no fuera blanca era un enemigo. Los primeros habitantes mexicanos de Pilsen sufrieron el racismo de las comunidades europeas que aún permanecían dentro del vecindario; se les prohibía la entrada a ciertos lugares, o se les negaba servicio si hablaban español.

En los años 60 se organizan en  Pilsen, como en otros lugares del EE.UU., los movimientos laborales y civiles que luchaban por los derechos de las minorías y en contra de la discriminación. Al igual que cualquier otro barrio pobre del país, Pilsen se encontraba afectado por el tráfico de drogas y sumergido en la violencia de las pandillas. El cambio en el barrio surge a partir de la concientización y politización de sus habitantes por medio del movimiento chicano; las protestas, huelgas y boicots se conjugaban con un oleaje de expresiones artísticas, entre éstas los murales en las paredes  del barrio, enfocados en denunciar las injusticias sociales, enaltecer los derechos civiles y la historia y la cultura de “La Raza”.

Memoria oral y libro

El libro de la editorial de la Universidad de Illinois relata la experiencia inédita de seis mujeres méxico-americanas durante los años del Movimiento Chicano en Chicago. El libro “Chicanas de la Calle 18” cuenta la participación de las activistas Cristina Vital, María Gamboa, Yenelli Flores, Victoria Pérez, Isaura González y Magda Ramírez-Castañeda, que participaron en diferentes facetas del movimiento por los derechos de los/las méxico-americanos en Chicago durante la década de los 60 y 70. Publicado en inglés por la University of Illinois, el libro narra las motivaciones, iniciativas y experiencias de las mujeres en la política durante esas dos décadas. El autor del libro Leornard Ramírez, director del Programa Latinoamericano de Reclutamiento y Servicios Educacionales (LARES) de la Universidad de Illinois, explicó que tardó siete años en terminar el proyecto.

Los testimonios de las seis activistas que viven y trabajan en el barrio Pilsen, las chicanas de la calle 18, revela las convicciones y los enfoques de los/las organizadoras de la reforma social en Pilsen. En la crónica de un momento crucial en la historia del activismo comunitario en Chicago, las mujeres hablan sobre cómo la educación, la inmigración, la religión, la identidad y aculturación afectó el movimiento chicano. Chicanas de la Calle 18 pone de manifiesto las jerarquías de raza, género y clase, al tiempo que destaca la interacción de los valores individuales y colectivos en el desarrollo de la reforma de la comunidad.

Destacando las motivaciones de las mujeres, iniciativas y experiencias en la política durante los años 1960 y 1970, estas historias personales revelan la rica complejidad del movimiento chicano, los conflictos dentro del Movimiento, y la importancia de las expresiones culturales y de teatro con el movimiento. También se detalla interacciones vitales entre los miembros del Movimiento de la comunidad chicana, izquierdistas y nacionalistas, y la influencia de los grupos activistas como los afroamericanos y los marxistas.  El  fervor político de los años 60  llevaron a las mujeres de Pilsen a convertirse en  activistas Chicanas,  las luchas por los derechos civiles de los afroamericanos y del movimiento de las mujeres blancas influyó en ellas y las condujo a participar en el movimiento chicano.

Mujeres activistas de la Calle 18

Desde muy joven la activista María Gamboa empezó a notar las injusticias entre los niños/niñas hispanos en las escuelas de la ciudad.. Creció en el lado norte de la ciudad y empezó a notar que su educación como hispana era inferior.”Yo no estaba recibiendo el mismo tipo de educación que debía recibir, por ser méxico-estadounidense. No era una educación de calidad”, explicó.. ”En cualquier tipo de lucha siempre se nos miraba a las mujeres como si no fuéramos iguales a los hombres. No se nos miraba como compañeras con los mismos derechos y los hombres decían que debíamos subordinar nuestros intereses a La Causa por que era más grande que nosotras”, explicó Gamboa. Nuestras luchas -dice – no solamente fueron para elegir a algún latino por aquí o por allá, sino por empleos, contra la discriminación en el lugar de trabajo y para que las mujeres tuvieran más poder dentro de la comunidad”.

Cristina Vital, quien narra su vida en el libro, contó que el fervor político de los años 60 la motivó a convertirse en una activista Chicana. “Escuché sobre César Chávez y el boicot de las uvas y me interesó,” dijo Vital, quién subrayó que el movimiento Chicano le dio una dirección interior a su vida y el orgullo de lo que representaba. En la cúspide del movimiento, Cristina y su esposo abrieron una librería Chicana en el barrio Pilsen en 1972 que llamaron “Nuestro Continente”. Ese local, en la Avenida Blue Island y Calle 18, se convirtió en un lugar de reuniones y eventos culturales de la época. “La librería nunca generó una ganancia, económicamente, pero yo la considero una piedra angular en la historia del movimiento chicano en Pilsen”, añadió. Vital, de 59 años de edad, quien espera que los seis relatos del libro inspiren a otras jóvenes a preservar su identidad como hispanas y luchar por sus derechos.

Maya Escobar, es otra de las coautoras del libro, nació en Chicago y su terreno de lucha es el arte. Una de sus más recientes obras fue el diseño de una “muñeca polifacética” desde la judía ortodoxa hasta la sexy latina, como una satirización de los muchos roles que esta sociedad ha proyectado en mí”. y en los cuáles, he caído inevitablemente hasta cierto punto, concluyó. En la serie Acciones Plásticas asumo el papel de diseñadora y distribuidora, e incluso posando yo misma como muñeca.

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