Ingrid Betancourt, reseña sobre su libro “No hay silencio que no termine”

Por: Gladys Parentelly

No estoy segura de haber sabido quien era Ingrid antes de que fuera secuestrada por un comando FARC. Sobre el libro que ella publicó en Francia, leí una reseña con comentarios irónicos, entre ellos que una colombiana escribiera en francés. Después, nadie pudo sustraerse a la escalada de noticias al llegar pruebas de supervivencia o anunciar la posibilidad de liberación por presiones del presidente de Francia.

Pienso que fui, en Caracas, la primera en comprar estas sus memorias porque, en Liberarte, me dijeron que acababa de llegar. Cuando vi que tenía 710 páginas dudé si lograría leerlo. Deseaba hacerlo porque me preguntaba cómo Ingrid había logrado sobrevivir a seis largos años como rehén, no por los detalles de su cautiverio, sino cómo logra soportar el hecho de no saber cuándo sería liberada. Es muy diferente un condenado por un delito, quien sí sabe por qué lo condenaron y puede contar los días que faltan para su liberación, a una persona que ignora si logrará salir viva del infierno, al que no está sometida por la Justicia, sino por delincuentes. Ingrid lo dice en un pedido a Jesús: Hazme saber cuanto tiempo de cautiverio nos queda, si lo supiera podría aguantar (p. 687).

No es posible reseñar una obra de 710 páginas; me limito a decir que tuve una muy agradable sorpresa al constatar la calidad del texto, la prodigiosa memoria de Ingrid, la salud mental y física que demuestra por el lenguaje que utiliza: nunca se queja de nada, ni del hambre, ni de los miles de kilómetros que estaba obligada a caminar cuando debían abandonar el campamento porque helicópteros del ejército colombiano lo sobrevolaban; tampoco se queja de los múltiples y repetidos agravios, torturas que tuvo que soportar (como mantenerla, día y noche, con una pesada cadena al cuello en lapsos de hasta seis meses); nunca utiliza adjetivos denigrantes hacia nadie, sus carceleros son el comandante (que cambia a menudo) o el guerrillero o guerrillera que son sus guardianes o cocineras, al contrario alaba la compasión que alguno le demuestra y la sabiduría o belleza de algunas niñas guerrilleras y, a menudo, les agradece las enseñanzas y los servicios que le prestan; se limita a relatar que le han dicho que le pegarán un tiro si llegan militares a liberarla; cuando se entera que uno de sus comandantes ha sido asesinado, no lo celebra, se limita a decirlo; a quien la amenaza con delatarla, por ejemplo, porque Ingrid se queda con un radio, cuando les fueron confiscados (algo precioso porque les permite oír, cada madrugada, los mensajes de sus familiares) lo denomina uno de mis compañeros, cuando, en realidad, él demuestra, sadismo o envidia y no haber pensado que él pudo hacer lo mismo. Ingrid nunca olvida expresar su alegría cada vez que encuentra animales de la selva o acampan cerca de un río, en medio de un bello paisaje del que goza, además con la ventaja de bañarse en agua fresca, limpia, y poder lavar su ropa que, en realidad, son andrajos.

Es evidente que no tiene ninguna simpatía hacia el presidente Uribe, pero tampoco se queja de que él no busque acuerdos con las FARC para liberar a rehenes, mientras el presidente Chávez trabaja a tal fin. Cuando se pregunta si sus colegas del Senado serán solidarios con ella (p. 91) dice que piensa en especial en Piedad Córdoba, y es la única ocasión en que la nombra.

Ingrid es un ser superior si es sincera en su relato; si no fuera sincera es una escritora genial.

La obra está dividida en 82 capítulos, con títulos como (pp. 599-615) La fuga de Pinchao y La muerte de Pinchao, cuando sabemos que esta fuga tuvo éxito. Al leerlos, nos enteramos que el comandante de turno arma todo un montaje, simula haberlo cazado, fusilado, y hasta hace cavar una fosa para y que enterrar al joven policía John Pinchao, a fin que los rehenes crean su invento, pero ellos pronto saben la verdad por las noticias de la radio. Si John Pinchao logra fugarse, es porque Ingrid lo asesora en base a sus propios intentos frustrados y le enseña a nadar porque la mejor vía de escape eran ríos.

En las 710 páginas, no se encuentra la palabra misoginia, cuando es evidente que los guerrilleros, lo mas suave que le dicen es vieja y puta; y algunos de sus compañeros de infortunio, en el último lapso todos varones, se encarnizan contra ella no solo por ser mujer, también porque, en permanencia, mantiene su resistencia ante el poder, lucha por salvar su individualidad, su dignidad con su actitud tan valiente al exigir respeto por sus derechos, mientras algunos de ellos tienen actitudes de cobardes delatores.

Ahora, se divulga en prioridad, información negativa sobre Ingrid, por ejemplo, se dice que su segundo esposo (digo yo: como cualquier proxeneta) le exige parte de las ganancias de los libros que ella escribió y publicó, mientras que él nunca ni la alentó a no desmayar, ni movió un solo dedo para su liberación. También en forma repetida, hay mujeres que me envían por Internet, cartas contra Ingrid e información de libros publicados por oportunistas cargados de misoginia ¿Será que ellas, ellos, envidian que, en 1998, Ingrid haya sido electa Senadora con la votación record en Colombia y haya sido candidata a la presidencia, que sea mas fuerte y sabia que ellos, ellas?

2010-Betancourt, Ingrid: No hay silencio que no termine; Bogotá, Aguilar, 2010, 710 p.

 

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3 respuestas a Ingrid Betancourt, reseña sobre su libro “No hay silencio que no termine”

  1. GLORIA COMESAÑA SANTALICES dice:

    Teresa, excelente esta reseña del libro de Ingrid Betancourt. Gladys, gracias por escribirla con la maestría de siempre. Estoy de acuerdo con todo lo que dices, y hoy mismo trataré de comprar ese libro. Considero, como tú, que Ingrid Betancourt es un ser extraordinario, que es realmente una cristiana auténtica, es decir, una seguidora de Jesús, una justa, en otras palabras. Y una mujer sabia, que merece ser escuchada e imitada en su sabiduría ante la vida. En el caso de que mintiese (cosa que no creo), sería, ciertamente una gran escritora. Gracias de nuevo, Gladys y Teresa.

  2. aura maria segura lopez dice:

    hasta ahora voy en las primeras 100 paginas sea cierto o no lo que se dice o no se dice admiro a ingrid betancourt

  3. ximena novoa dice:

    ximena novoa:
    Les cuento que leí todo el libro junto a mi madre, hubo momentos en los que nos emocionamos hasta las lagrimas, definitivamente ingrid betancourt es una mujer digna de admirar.

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