Hay que lograr vencer el estigma y la exclusión

1º de Diciembre: Día Mundial de la Lucha contra el Sida

A 30 años del primer diagnóstico de Sida el grado de desconocimiento, en general,  de la población con respecto a la enfermedad es incluso hoy en día preocupante, pese a las múltiples campañas de información y sensibilización a la población realizadas desde los estamentos gubernamentales y no gubernamentales pertinentes, más dirigidas a la evitación de contagios que a la sensibilización, por este motivo las personas afectadas por la enfermedad pasan a engrosar el gran número de los discriminados y excluidos.

Por: Teresa Sosa

El SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida)  es un conjunto de manifestaciones que caracterizan una enfermedad, e inmunodeficiencia es un estado de fallo del sistema normal de defensas que tiene el organismo para combatir múltiples agresiones e infecciones. La palabra adquirida significa que no se trata de una condición innata (congénita), sino que el individuo la ha “adquirido” o “recibido” del ambiente que lo rodea. La principal característica del SIDA, es que produce un trastorno del sistema inmune del ser humano

La mayoría de las personas que padecen SIDA se encuentran inmersas en un círculo cerrado que sólo en determinadas ocasiones se rompe, cuando el apoyo social y la solidaridad hacen su entrada. Desgraciadamente, no siempre ocurre esto, y es en la mayoría de los casos cuando la enfermedad se convierte en un estigma social y los/las enfermos/as son tratados como los leprosos en la antigüedad, que eran señalados y apartados de la sociedad por miedo al contagio.

El SIDA como estigma social

El estigma asociado al  VIH/SIDA es uno de los principales motivos de su propagación. Las personas que están afectadas por el VIH/SIDA pueden no saberlo o no querer admitirlo o hablar de ello, las barreras culturales y las creencias han convertido el tema en un tabú, y las personas que viven con el SIDA son activamente discriminadas.

El estigma es una actitud indeseable, es una actitud profundamente difamadora, que reduce la condición y el valor de la persona ante la sociedad.

El estigma del VIH/SIDA se considera uno de los más importantes problemas que obstaculizan los cambios en la percepción, las actitudes y el comportamiento. Debemos actuar, hablar de la enfermedad, ejercer influencias para lograr cambios en la política y luchar contra la estigmatización y la discriminación en todas sus formas en los planos internacional, nacional y comunitario.

La doble exclusión

La exclusión social a causa del SIDA se expresa de múltiples maneras, algunas muy sutiles y otras demasiado evidentes para dejar de verlas. Pero todas las formas de exclusión social coinciden en un hecho que, aunque se conoce, es inadmisible para cualquier sociedad o país democrático: la violación de los derechos humanos esenciales de las personas que viven o padecen la enfermedad, consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos suscritos y ratificados por la inmensa mayoría de los países del mundo (el derecho a la vida, a la salud, a la igualdad, al trabajo y a la educación)

El estigma del SIDA se basa en la idea que el público tiene de que las personas infectadas con esta enfermedad han contravenido una serie de creencias y valores compartidos. Sobre todo por su vía de transmisión sexual y porque se descubrió en la comunidad homosexual, cuyas prácticas se consideran ajenas a la “norma”, desde los prejuicios y tabúes.

La cultura y la religión podrían jugar un papel de prevención, pero en la práctica sucede todo lo contrario. Ambos elementos contribuyen a la exclusión de las personas infectadas. Algunas características socioculturales, asociadas a la infección se expresan en los planos de la inequidad de género por ejemplo, en las sociedades en donde el machismo está muy presente, los hombres pueden tener múltiples parejas y el uso del condón presenta una baja frecuencia, y las mujeres carecen de autonomía para tomar decisiones sobre su sexualidad y por lo tanto para protegerse de la enfermedad.

El género se emplea también para estereotipar a las personas como transmisoras de la enfermedad. Estudios realizados por ONUSIDA en la India y en Uganda han demostrado que a las mujeres se les estigmatiza por partida doble. Así mismo se cree generalmente que el comportamiento sexual de las mujeres es causa de la difusión  heterosexual del VIH.

El personal que brinda cuidados de salud, por el miedo a la enfermedad  frecuentemente pueden tener una visión irracional o exagerada del riesgo de infección, pudiendo reaccionar con desprecio, abuso o inclusive se presenta la negativa a prestar cuidados a las personas infectadas.

Otras formas de estigma social son la denegación de vivienda, ser ignorados por los amigos y compañeros y la negación de seguros de vida y de salud. En muchos casos la estigmatización se extiende a las familias, a pesar de que ellas son las primeras prestatarias de cuidados. Esta situación refuerza el aislamiento social de las personas afectadas. Incluyendo el abandono de sus hijos y sus parejas.

El estigma y la discriminación impulsan la epidemia del VIH/SIDA, pues crean una cultura de secretismo, silencio, vergüenza y victimización. Esto aumenta el sufrimiento y tiene consecuencias sociales y económicas devastadoras para las personas que viven con la enfermedad, sus familias y las comunidades.

La vergüenza que va unida al estigma sentido, disuade a las personas de buscar asesoramiento, pruebas y tratamiento, esto significa que algunas personas prefieren desconocer su propia situación, por temor a perder su secreto, a perder su puesto de trabajo, la ruptura de relaciones, el ostracismo social o inclusive ser objeto de violencia

SIDA y ámbito laboral

Sobre esta cuestión, se hizo un fiel reflejo de lo que sucede en la realidad, la discriminación en los ambientes laborales, en la película de Jonathan Demme, Philadelphia. En esta cinta se narra la historia de un brillante abogado homosexual y afectado de SIDA, que es despedido de su trabajo a causa de su enfermedad por el temor al contagio de sus superiores.

La realidad actual de las personas con SIDA ha cambiado mucho en los últimos años respecto a la esperanza y calidad de vida, debido a los resultados de las nuevas terapias antirretrovirales. La infección por SIDA afecta con especial crudeza al tramo de la población entre los 20 y los 40 años, es decir, a personas en plena edad productiva. Frente a las situaciones de incapacidad que se daban anteriormente, hay ahora muchos hombres y mujeres seropositivos con perfecta capacidad de incorporación al mundo laboral y con pleno derecho a una mejora en su calidad de vida.

Pero se han identificado prácticas discriminatorias en los lugares de trabajo tales como: la selección previa al empleo, la negación del empleo a las personas cuya prueba resulta positiva, terminación del empleo, estigmatización de las personas que hablan claramente de su enfermedad o renuncia forzosa.

Los trabajadores y las trabajadoras, al igual que las empresas, deben aprender a aceptar una nueva obligación social, que es reducir el riesgo de SIDA, eliminar la exclusión basada en el miedo, prestando el apoyo necesario a los afectados y promoviendo la solidaridad

La tarea más importante es prevenir y combatir la discriminación en el empleo por motivo de infección por VIH, pero también facilitar la reinserción laboral de los afectados cuyo estado de salud así lo aconseje, de forma que les permita una mayor autonomía personal y auto-responsabilizarse de su propia vida. Las estrategias y actividades en esta materia deben establecerse conjuntamente entre los trabajadores y las trabajadoras, los empleadores y las organizaciones sindicales.

La epidemia del VIH/SIDA está produciéndose en un momento de rápida globalización, cuando se amplían las diferencias entre ricos y pobres. La exclusión que acompaña esos cambios mundiales ha aumentado las desigualdades sociales y la estigmatización de los pobres, las personas sin domicilio fijo, los desempleados y los desplazados. Esto conduce a un círculo vicioso de pobreza, en el que aumenta la vulnerabilidad al SIDA, lo que a su vez incrementa la pobreza.


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