Discurso de Michelle Bachelet en Conferencia “Género, Integración y Desarrollo”

Tema: “Mujer, Estado y Economía”

Amigas y amigos,

Es para mí un verdadero honor participar de esta conferencia y hacerme partícipe de un homenaje tan merecido, como son los 50 años de la tragedia de las hermanas Mirabal.

Como Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas encargada precisamente del tema de la Mujer a nivel global, no podía estar ausente de esta cita.

El ejemplo de las Mirabal ha sido un ejemplo de vida para muchas mujeres en todo el mundo, especialmente en nuestra América Latina.

Lo más impresionante de todo es que no se trata de un evento injusto de aquellos que leemos en los libros de historia de hace 100, 200 o 500 años atrás.

Se trata de algo que ocurrió ahora, hace pocas décadas, cuando muchos de los que estamos en esta sala estábamos vivos y conocíamos de las injusticias que se cometían en contra de las mujeres, en nombre de un injusto orden político o de un hipócrita orden moral.

A pocos años de ocurrido la tragedia de las Mirabal, yo escogía dedicar mi vida al servicio hacia los demás, por lo que decidí estudiar medicina. Y veía en aquel entonces, en Chile como en América Latina, la enorme injusticia que vivían las mujeres de nuestra América morena.

Mujeres que sacan a sus familias adelante.

Que trabajan en doble o triple jornada. Y que en aquel entonces parían hijos en condiciones de extrema insalubridad, falleciendo por miles cada año.

Mujeres que eran discriminadas en todos los sentidos que uno pueda imaginar.

Mujeres golpeadas.

Mujeres violadas.

Mujeres abusadas por sus propias parejas.

Sistemas legales machistas que no las protegían y una prensa, una sociedad completa que siempre que se enteraba de algún abuso, decía “algo habrá hecho esta mujer”.

Afortunadamente esos tiempos han cambiado.

Quedan aun muchos rezagos y para eso estoy trabajando con ahínco desde Naciones Unidas.

Pero gracias al martirio de las hermanas Mirabal; gracias a la fuerza de una Rigoberta Menchú, o gracias a la poesía de una Gabriela Mistral, son cada vez más las mujeres que alzan la voz y trabajan por un mundo mejor.

He querido relatarles esta tarde un poco lo que es y será mi trabajo desde Naciones Unidas. Pero quiero también compartir algunas reflexiones generales en torno al nuevo rol de la mujer en el mundo, en la política y en la economía. Porque soy una convencida de que necesitamos más mujeres en los espacios de decisión, porque nosotras sí podemos hacer diferencias.

Como ustedes saben, he recibido recientemente la honrosa misión de encabezar la entidad UN Women, cuya creación fue acordada por la Asamblea General de Naciones Unidas.

El propósito de esta nueva entidad, que fusiona cuatro agencias que se preocupaban de los problemas de la mujer, es trabajar por la igualdad de género y por el empoderamiento de la mujer. Como dijo el Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, en aquella oportunidad: “ONU Mujeres dará un impulso considerable a los esfuerzos de la ONU por promover la igualdad de género, expandir la igualdad de género y luchar contra la discriminación en el mundo”.

La creación de ONU Mujeres es parte del proceso de reforma de la ONU y fusionará la labor de cuatro agencias que atendían los temas relativos a la mujer. Estamos trabajando para que entre oficialmente en funciones en enero del próximo año.

Serán tres sus principales funciones:

Primero, apoyar a las entidades gubernamentales como la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer en la formulación de políticas, estándares y normas mundiales.

Segundo, dar asistencia a los Estados Miembros para implementar esos estándares, proporcionando apoyo técnico y financiero cuando sea necesario, para ayudar a los países que lo soliciten, así como para establecer alianzas con la sociedad civil.

Tercero, hacer que el sistema de la ONU rinda cuentas de sus compromisos en materia de igualdad de género, incluyendo el monitoreo continuo de los progresos dentro del sistema.

Así, el propósito de ONU Mujeres será convertirse en la voz que defiende los derechos de la mujer y su real empoderamiento, con el fin de mejorar la situación en la que viven en numerosos lugares. Se trata de hacer avanzar verdaderamente la igualdad de género, en estrecho contacto con los gobiernos y estableciendo alianzas con las organizaciones de la sociedad civil que se preocupan de la mujer.

Es gigantesco el reto que enfrentamos para mejorar las condiciones de existencia de la mujer en el mundo entero. Citaré sólo algunos datos para ilustrarlo.

Las mujeres representan casi los dos tercios de los 776 millones de adultos analfabetos del mundo.

La mayoría de los pobres del mundo son mujeres, y algunos grupos son especialmente vulnerables a la pobreza, como las que trabajan en el campo y en el sector informal, las mujeres inmigrantes, las discapacitadas y las ancianas.

En 2006, las mujeres y las niñas representaron el 79 por ciento de las víctimas de tráfico de seres humanos.

Más de 60 millones de niñas en el mundo son forzadas a casamientos tempranos, antes de cumplir los 18 años.

En el mundo, por lo general se paga menos a las mujeres, que tienen además empleos menos seguros que los de los hombres, siendo los sueldos de las mujeres 17 % inferiores a los sueldos de los hombres.

Pese a los avances legales conseguidos en numerosos países, la violencia contra las mujeres y las niñas sigue siendo un grave problema en todos los continentes y todos los países. Un estudio de la Organización Mundial de la Salud sobre violencia doméstica en 10 países reveló que entre 15% y 71% de las mujeres denunciaron violencia física o sexual de parte de sus cónyuges o compañeros sentimentales.

Entre las mujeres de entre 15 y 44 años, los actos de violencia causan más muertes y discapacidad que el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico y la guerra combinados.

La salud materna es un área en que la brecha entre ricos y pobres es más profunda. En los países desarrollados, prácticamente todos los nacimientos se hacen en presencia de personal capacitado, pero en los países en desarrollo menos de la mitad de las mujeres reciben esos cuidados en el momento del parto.

O sea, la situación es dramática en muchos, muchos aspectos.

Y podría citar muchos ejemplos más acerca de las desventajosas condiciones que enfrentan las mujeres en ámbitos como la educación, la salud, o vivienda o la recreación.

Pero también hay desigualdades políticas y económicas.

Y eso es algo de lo que a veces poco se habla.

Porque claro, tendemos a quedarnos con las cifras más graves, las más violentas, pero no miramos estos otros aspectos. Los del poder, los de las decisiones.

¡Somos más de la mitad del mundo y apenas hay un puñado de Presidentas que nos gobiernan!

¡Somos más de la mitad del mundo y la elite empresarial todavía es una elite de traje y corbata!

Todavía no nos damos cuenta, por ejemplo, que el sector de consumo más relevante en el mundo es el sector de las mujeres, pero los hombres siguen tomando las decisiones de producción acerca de los productos que nosotras compramos.

Leía un entretenido libro hace pocos meses, “Womenomics”, que básicamente decía que la producción de lavadoras o heladeras para mujeres debería ceder a la producción automotriz, porque las mujeres son las mayores adquisidoras de automóviles en los países industrializados.

Sé que parece evidencia anecdótica –e incluso trivial–. Pero no es menor lo que estamos diciendo:

Las mujeres llegamos al mundo de la política y los negocios para quedarnos. Llegamos a tomar las decisiones para siempre, y todas las decisiones, no las blandas ni las sencillas, sino que todas las decisiones. Porque sólo de esa manera podremos superar de verdad la vergüenza que significan las cifras de violencia o mortandad materna que aun tenemos en nuestros países.

¡En vez de ejércitos de soldados lo que necesitamos son ejércitos de matronas que recorran nuestros campos en América Latina cuidando a nuestras madres y nuestros bebés!

¡Esas son las decisiones que tenemos que tomar!

Y lo sabemos hacer bien.

Mi gobierno –perdonen que la recomendación venga de tan cerca—pudo hacer frente a la crisis económica de manera distinta a cómo se hacía antes en mi país. En vez de recortar los beneficios sociales, los aumentamos. En vez de reducir el gasto en salud o educación, lo subimos. En vez de despedir trabajadoras, les creamos un subsidio especial. En vez de alzar tasas de interés para pequeños y pequeñas empresarias, bajamos las tasas.

Es decir, hubo una mirada distinta, una mirada más humana, donde estoy segura que las mujeres tenemos mucho por decir.

Les coloco otro ejemplo: mi país se demoró 30 años en construir sus primeras mil guarderías gratuitas para las madres que trabajan. Mi gobierno demoro cuatro años en construir otras 4 mil. Y lo hicimos porque era una prioridad, porque solo las mujeres entendemos que ello puede y debe ser prioridad.

Se habla de la economía y la competitividad, que aquello tiene que estar primero.

¡Nadie lo niega!

Pero hablemos con los datos arriba de la mesa.

Chile es mirado como ejemplo en muchos aspectos de competitividad. El World Economic Forum nos dice que somos el trigésimo país más competitivo del mundo, a la par de países desarrollados.

Pero ¿saben cómo estamos en igualdad de género en ese mismo índice? En el lugar 110. Y por qué: porque todavía tenemos una bajísima participación política de mujeres (a pesar mío) y porque la tasa de participación laboral femenina es aun baja, apenas sobre el 40%

Eso sin considerar la brecha salarial. Todavía ganamos un tercio menos que los hombres, a pesar de hacer el mismo trabajo. Y esa diferencia no se atenúa al considerar nivel educacional. Es decir, ¡ni siquiera las abogadas, ingenieras o doctoras se salvan de la discriminación! Según un estudio de la OECD del año pasado, en Chile esa diferencia se eleva de un tercio a nivel general hasta un 50% a nivel de altos profesionales.

Por eso se necesita una acción decidida del Estado y de los organismos como ONU para promover una mayor equidad. No debemos aceptar el dogma ultraliberal que dice que todos somos iguales y que por tanto no necesitamos acciones positivas, porque la evidencia es apabullante en demostrar aquello que nos decía Huxley: algunos son más iguales que otras.

Un estudio de Catalyst acerca de las 500 empresas listadas en Fortune, mostraba que en promedio, las empresas con más mujeres en sus directorios tienen mejores resultados que aquellas que tienen menos mujeres las cifras son decidoras: 53% mejor en retornos de capital y 66% en retorno de inversión).

Y aun así, fíjense que en mi país apenas 18% de los cargos gerenciales son ejercidos por mujeres.

Ni hablar en la política. Apenas 4 senadoras de 38. Hace 50 años (en la época que conmemoramos hoy) elegimos a la primera senadora. No es mucho el avance.

Por eso, amigas y amigos, es necesaria la intervención con políticas justas y eficaces.

Porque por algo ocurren estas diferencias.

Esto no es casual. Si bien hemos eliminado los flagrantes abusos que existían incluso en la ley –recordemos que la mujer casada soportaba en muchos países de tradición legal románica una “capitis diminutio”—quedan aun una serie de discriminaciones sutiles y culturales.

Por eso me gustaba lo que hace poco leía en un informe del PNUD, de que la mujer hoy vive en un verdadero “laberinto de cristal”.

Hemos avanzado desde la época de las Mirabal donde el techo de cristal nos impedía ascender y desarrollarnos como personas.

Pero aun debemos tomar decisiones duras y hacer frente a discriminaciones invisibles.  ¿Quién sale del mercado laboral para cuidar a os hijos? Nosotras. ¿Quién se queda en casa si se enferman? Nosotras.

Son esos laberintos los que debemos remover y hacer más equitativas las cargas familiares y sociales en nuestra sociedad.

Amigas y amigos:

Como ustedes pueden apreciar, la dimensión de las tareas que hoy me corresponde enfrentar es enorme. Sin embargo, les puedo asegurar que de ninguna manera estoy abrumada ni nada parecido.

Por el contrario, me siento vitalmente estimulada por las características de la función que me ha encargado el Secretario General de la ONU. Siento que es un inmenso honor tener hoy la posibilidad y los instrumentos para contribuir, en la máxima medida de mis fuerzas, a lograr avances efectivos respecto de los derechos de la mujer en todo el planeta. Tengo claro, además, que este esfuerzo forma parte de la gran batalla por asegurar que los derechos humanos sean realmente universales.

En la era de la globalización, nada es moral y políticamente más necesario que globalizar la defensa de la vida y la dignidad del ser humano, la lucha por impedir las diversas formas de avasallamiento de las personas en cualquier lugar que ello ocurra. La comunidad internacional no puede cruzarse de brazos frente a los abusos y los atropellos. Esta causa merece el apoyo resuelto de todos los hombres y mujeres de buena voluntad en el mundo entero.

Estoy convencida de que sólo una democracia sólida y en constante perfeccionamiento puede crear las condiciones para que la causa de la igualdad de género avance de verdad y cambie la vida de millones de mujeres en todos los continentes.

Sólo la democracia genera un ambiente de valoración de la dignidad de las personas, de respeto real de las garantías individuales, de protección del pluralismo y promoción de la cultura de la libertad como fundamento de una sociedad más justa y más humana.

Muchas gracias

República Dominicana, 18 de noviembre de 2010

FuenteDialoga, Chile.

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