Constanza Ragal: la retratista de la belleza idealizada

Constanza Ragal se ha hecho conocida por sus retratos de mujeres. No son pinturas cómodas. Detrás de cada una hay una reflexión sobre las presiones estéticas a las que están sometidas las mujeres.

Verónica San Juan*

Constanza Ragal nació en Santiago de Chile en 1982. Es licenciada en Arte, Estética  Oriental y Cine Documental de la Pontificia Universidad Católica de Chile donde actualmente se desempeña como profesora ayudante del destacado pintor Gonzalo Cienfuegos.

La muerte, los problemas sociales, la historia del arte. Ésos eran algunos de los temas que desarrollaban los compañeros de Constanza Ragal durante los primeros años de su carrera. Ella no prendia con ninguno. Le parecían extraños, incómodos. Tal vez porque era mayor que sus pares (ingresó a estudiar a los 21). Tal vez porque era madre soltera de una niña. O porque debía trabajar para sostener su vida. O todos esos factores combinados:

“Sentía que eran discursos que me quedaban grandes y muy intuitivamente empecé a explorar sobre la maternidad y sobre el vínculo entre mujer y belleza. Yo trabajaba en producciones de moda para  una tienda y veía el proceso de maquillaje y retoque con Photoshop. Me llamaba la atención el arquetipo totalmente idealizado, inalcanzable, plastificado”.

“Veía a la modelo en la intimidad y después, al mirar la foto, decía: ‘¡Qué abismo! ¡Es pura mentira!’. Y como para mí la pintura también era pura mentira empecé a usar el óleo como si fuera maquillaje. Las primeras escenas y retratos que hice daban cuenta de esa belleza inalcanzable y perversa”, relata Constanza.

Incomprendida

Su mirada no fue comprendida por algunos académicos que subvaloraban el mundo de la moda y creían ver en su pintura una posición condescendiente. Pero dos de sus profesores, los destacados pintores Gonzalo Cienfuegos y Rodrigo Cabezas, comprendieron que no buscaba exaltar la belleza irreal.

“Ellos se dieron cuenta de que me estaba apropiando del tema desde un lugar crítico. Que era una puesta en escena de las problemáticas que una vive; porque jamás vas a llegar a tener esa piel de porcelana ni esa cintura imposible, pero vives presionada…”

“A diferencia de los grandes temas que se desarrollaban en la escuela, éste formaba parte de mi cotidianidad: de una mamá sola que tiene que ir al supermercado, al gimnasio y, además, recibe el bombardeo de la publicidad. Entonces, decidí ocupar la pintura como un lenguaje que denunciara todo esto”.

Su oficio de productora de moda no sólo le dio la clave para escoger su discurso artístico, sino que absorbió el método y lo incorporó a su sistema creativo.

Para cada retrato o escena busca una locación y convoca al equipo conformado por el fotógrafo Cristián Domínguez y la maquilladora Constanza Polanco, además de la modelo invitada para cada ocasión:

“Es una tremenda parafernalia. Hago la misma construcción que tiene el mundo de la moda y la llevo al territorio plástico de la pintura”, explica.

En cada sesión se hacen unas 800 fotografías. Luego Constanza selecciona unas 50 imágenes hasta dar con ‘la toma’, la interviene, la ‘photoshopea’  y, si es preciso, hace un fotomontaje. Esa imagen definitiva la cuadricula en la tela y comienza a pintar. A pesar de la parafernalia inicial en  esta segunda etapa nadie ve ni opina sobre lo que hace:

“Todo queda en reserva. Cuando el fotógrafo o la maquilladora ven el resultado no lo pueden creer”.

Retratos de mujeres

Aunque tiene muchos cuadros de situaciones cotidianas en su obra abundan los retratos que evocan la vieja costumbre que predominó hasta antes de la aparición de la fotografía:

“Tengo que ser bien sincera: primero pintaba escenas, me gustaban los elementos, pero de repente me di cuenta de que lo que más vendía eran los retratos. En ese momento dije: Aquí hay algo”.

“Me puse a investigar en la historia del arte y preparé una serie para una exposición que presenté en marzo pasado en Buenos Aires, donde citaba estos retratos antiguos, con un fondo totalmente inventado, tal como se hacía en el pasado, en que instalaban paisajes con cambios de escala ridículos”.

“Me apropié de eso y lo hice utilizando rostros que eran referentes del mundo de la publicidad. Todo lo pinté como una suerte de maquillaje para dar cuenta de este arquetipo de mujer ultraexigida”.

Entre sus pinturas hay algunas de formato circular semejantes a las fotografías retocadas de los años 40 o 50 que aún se conservan en algunos hogares chilenos, especialmente entre las familias rurales. Y están aquellos en que las mujeres aparecen insertas en espacios determinados. Una piscina. Un bar. Una villa compuesta por casas idénticas. “Son bien teatrales y sus nombres bien ridículos: Remedios en el Agua, Dolores en el Bar… quería ironizar sobre el mundo fantástico que viven algunas”, comenta.

“A mí no me interesa el hiperrealismo y el fotorrealismo me da lo mismo. Sólo me gusta tener la foto como un referente para que no se deforme lo que estoy pintando; es un tema de construcción, porque soy pésima dibujando. Sin embargo, cuando la gente ve lo que hago me dice que lo que más le gusta es la deformidad: la boca chueca, la nariz rara…Y es verdad siempre tengo una suerte de deformación”.

Actualmente trabaja en un proyecto en el que invirtió tres años de investigación y que representa una continuidad de su discurso. Textos de los filósofos franceses Gilles Lipovetsky (La Nueva Mujer) o de Jean Baudrillard (De la Seducción) le sirvieron de soporte para elaborar algunas ideas sobre las obligaciones femeninas de la postmodernidad.

Ideas que llevará a cinco cuadros de gran formato, cada uno con una tensión específica. Como la modelo que acude al pabellón de cirugía sin necesitarlo. O como la profesional que ejecuta algunas actividades domésticas en su oficina porque, simplemente, no le alcanza el tiempo.

Pintura crítica

“Decidí que la pintura fuera el territorio para denunciar lo bombardeadas y, a la vez,  lo exigidas que vivimos por conservar los roles tradicionales. Es una nueva mujer, porque no es la independiente, sin hijos, sino la profesional que también tiene que ir al supermercado”.

“Es una que no está en un lugar sino en todos los lugares. Que   trata de mantener el equilibrio. Que intenta estar lo más serena, calma y resuelta posible frente a los hijos, en el trabajo y en la intimidad con la pareja, pero siempre está cansada y sobreexigida. Es un proyecto más irónico, más arriesgado…”

“Pienso que ahora puedo plantear las cosas con un poco más de sentido del humor, porque al comienzo siempre estaba muerta de susto por lo que iban a decir los demás. Pienso que es una forma de decir algo, de dejar un testimonio, pero haciendo lo que uno ama, y cuando uno hace lo que ama va con todo hasta el  final”.

Gonzalo Cienfuegos ha sido clave en la carrera de Constanza Ragal. Fue su profesor, y en un momento de crisis, cuando aún estaba en la escuela de arte, la instigó a que no abandonara sus convicciones. Agradecida, se convirtió en su ayudante en la cátedra que dicta en la Universidad Católica.

Cienfuegos opina de su obra: “La sensibilidad de Conty Ragal se hace presente en su capacidad de percibir el mundo y la naturaleza desde una perspectiva profundamente humana y comprometida con la existencia y la realidad del ser humano. Es conmovedor percibir en ella una entrega total y responder inteligente y honestamente a los embates a que es sometida su existencia, con un trabajo luminoso donde los arquetipos humanos son reflejados desde una estética del pop, con un rescate de la tradición de la pintura con talento, frescura y madurez”.

*Periodista. Reportaje publicado en revista dominical “Mujer”, diario La Tercera, Chile, 17/10/2010. Adaptado y editado para su publicación en Palabra de Mujer.

Descargar edición impresa Diario de los Andes


Anuncios

One Response to Constanza Ragal: la retratista de la belleza idealizada

  1. GLORIA COMESAÑA SANTALICES dice:

    Excelente artículo, que nos da a conocer la obra pictórica de otra mujer, que desde los pinceles lucha contra los roles y paradigmas de belleza que encorsetan a las mujeres, las cosifican y no les dejan vivir tranquilamente su belleza real, su cuerpo real, y estar satisfechas con su identidad. Felicitaciones a la autora del texto y a Palabra de Mujer por adaptarlo y publicarlo. Esto forma parte del trabajo feminista: una pedagogía que nos enseñe lo que otras mujeres hacen como artistas, literatas, filósofas, políticas, docentes, y un larguísimo etc.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: