Argentina:’Y un día me convertí en esa madre que aborrecía’

Artemisa

Sonia Santoro, directora ejecutiva de Artemisa Comunicación, acaba de sacar un libro confesional inspirado a partir de su maternidad. ‘Y un día me convertí en esa madre que aborrecía’ (Editoral Capital Intelectual) da cuenta de lo que le pasa a una mujer y a su mundo más íntimo de relaciones cuando irrumpe el primer hijo.

A partir del nacimiento de su primer hijo, la autora siente que su vida, como la había concebido hasta el momento, se agrieta. Su carrera profesional queda en el olvido, sus relaciones se limitan a encuentros con gente con hijos, su pareja se convierte en una especie de hermano postizo y otros personajes cobran relevancia inusitada: la niñera, la madre y una autora de libros sobre la maternidad.

La falta de sueño y los dolores físicos producto del cansancio la tienen en un estado de angustia pero también de excitación constante (después de todo tener un bebé también es tan maravilloso como había escuchado) y sin embargo este es también un momento de sorpresa y redescubrimiento de sí misma.

Su historia, como la de muchas otras madres que hasta el momento de serlo se consideraban mujeres independientes, permite repensar el complicado proceso de crianza de un hijo y el de hacerse madre desde el humor y también la desolación.

Estas son las páginas de un diario imaginario en el que se registra aquello que ya no será: el primer dibujo del hijo, las ocurrencias infantiles, las sucesivas adaptaciones al jardín o los interminables broncoespasmos. Se trata además de un diario absurdo porque carece de cronología certera y cobija distintos géneros literarios para también hablar de peleas conyugales, búsquedas personales o recuerdos familiares e imaginarios del mundo en el que se cría ese hijo.

El resultado: un relato fragmentario, escrito desde la subjetividad femenina, que se mueve en el borde entre lo testimonial y la ficción, para dar cuenta de una maternidad mucho más negra de lo que todavía nos siguen contando.

Algunos fragmentos:

18 de agosto
Hace frío este invierno pero yo estoy todo el tiempo acalorada. No sé si son los nervios por no saber cambiarlo, por ignorar qué quiere casi por completo, o por qué llora durante el día y especialmente por las noches. Lo estoy cambiando, su cuerpito enrojecido todavía, da respingos. Llora. Pero después de unos minutos se calma. Y empieza a hacer otros ruiditos que desconozco. Estoy tan concentrada en sacar todo resto de pis y caca de los pliegues de su cola que ni le miro la cara. Mi mamá, que se está quedando unos días para ayudarme, dice:
-Che, te está sonriendo ese chico, decile algo.
Le sonrío y efectivamente multiplica sus ruiditos. ¿Cómo no me di cuenta?
A la noche, cuando estoy sola, lloro.

(…)

Cuando nos conocimos, cuando hacíamos el amor, reptábamos uno encima del otro, con movimientos milimétricos, deleitándonos. Sentíamos que teníamos mucho tiempo por delante para disfrutarnos y seguir explorando. Nos sentíamos en el comienzo de algo tan glorioso como interminable. Dormíamos en un colchón improvisado en el piso, con una colcha de plumas, en un altillo de poca altura que no nos permitía estar parados. El me compraba postrecitos de chocolate y crema y me los daba de comer en la boca a la mañana siguiente. Andábamos desnudos por la casa a toda hora. A veces, me sentía culpable por todas las cosas que dejaba de hacer por estar con él haciendo el amor.

Con el nacimiento del bebé las prioridades fueron otras.
-Estoy fea, no me bañé –decía, envuelta en vahos de leche y ropa vomitada (o ‘no te enojes pero no tengo ganas’, daba igual).
-Me gustas igual. -El insistía estoico, pero yo sentía que algún meteorito había caído, se había llevado a mi marido e instalado una especie de hermano mellizo en mi cama y había tantas cosas que hacer para sobrevivir al caos…
Vivíamos en joggins, piyamas y ropa holgada.
Al principio contaba los días que hacía que no hacíamos el amor, con un sentimiento de culpa similar al que tenía antes, cuando lo hacíamos demasiado. Después me cansé de contar.

(…)

Las medidas irracionales en torno al sueño de mi hijo comenzaron a pocas horas de su nacimiento. En la clínica, las enfermeras y la nursery me recomendaron despertarlo sí o sí cada tres horas para que tomara la teta, incluso en medio de la noche y aunque tuviera que recurrir a golpeteos o a mojar su carita con agua fría.
Estoy convencida de que eso tuvo consecuencias terribles para su formación.
Me rehusé por principios a recurrir al Duérmete niño, libro que adiestra a los bebés para que duerman toda a noche, acostumbrándolos a ciertas rutinas estrictamente establecidas como dejarlo llorar al menos dos minutos antes de ir la pieza o demorar cada vez más en recurrir a su llamado. Pero cómo envidié a las madres que decían que sus bebés dormían toda la noche. Todavía sospecho que muchas mentirían porque no entra en mis parámetros pensar que pueda existir una noche plácida con un bebé que aún no aprendió a dormir.

Fuente:

http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=9&idnota=7091

Anuncios

One Response to Argentina:’Y un día me convertí en esa madre que aborrecía’

  1. rosa dice:

    hermoso!!! leí sobre el libro en un revista. urgente lo compro! felicitaciones a la autora. y mencionando esto que tiene el libro de “un poco de realidad y un poco de ficción” para mi todo es real! la realidad siempre supera a la ficción ! y sobre todo a las madres!!! y definitivamente no me gustaría convertirme en esa madre que aborrecía. nuevamente mis felicitaciones a la autora!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: