Desastres naturales: Las mujeres rearmando el tejido social

Este es el foco principal del Nº 1, 2010 de Revista Mujer Salud, con énfasis en lo ocurrido en Haití y Chile.

Un informe mundial del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, titulado “La reducción de riesgos de desastres Un desafío para el desarrollo”, del año 2004, señala que aproximadamente el 75 % de la población mundial vive en zonas que han sido azotadas, al menos una vez entre 1980 y 2000 por un terremoto, un ciclón tropical, una inundación o una sequía, con distintos impactos a nivel humano, ambiental y material.

Millones de personas en más de 100 países se ven expuestas periódicamente al menos a uno de los fenómenos ya señalados. Esto, concluye, es un riesgo para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), por lo cual plantea desafíos que deben ser resueltos a corto plazo.

Y directamente vinculado a estas preocupaciones, está el tema del género, pues está suficientemente documentado el hecho de que las mujeres se ven afectadas diferencialmente a raíz de estos fenómenos. Los terremotos en Haití y Chile, el Huracán Mitch en Centroamérica y el Huracán Katrina en Estados Unidos, son solo algunos de los escenarios recientes donde este fenómeno está siendo observado con mayor atención, concluyéndose que las mujeres tienen menos acceso a los recursos que son centrales para los procesos posteriores a los desastres naturales, tales como trabajo y capacitación, control de la tierra, acceso a recursos económicos como créditos, participación en instancias de decisión, etc.

Por el contrario, como ya estaban en una situación de discriminación social, esto se acentúa en condiciones adversas. Asimismo, las mujeres ven aumentada su responsabilidad al interior de los hogares, la que de por sí es siempre muy alta por la tradicional división sexual del trabajo. Esto sucede pues, en condiciones muy precarias, deben recomponer la estructura de sus familias, atender a hijas, hijos, padres ancianos y otras personas que dependen de su apoyo y capacidad de contención. Esto sobrecarga su salud mental y física a niveles muy altos. Y a menudo quedan solas, pues sus cónyuges o parejas pueden salir a buscar empleo a otras zonas.

Cuando el nivel de daño es muy grande, las familias frecuentemente deben salir de sus casas y albergarse en refugios provisorios, lo que tiene un costo para las mujeres que deben ayudar a su núcleo a adaptarse a una situación de mayores carencias. Y se ha observado también un significativo aumento en los niveles de violencia contra las mujeres y niñas, en especial, violencia sexual, abusos y violencia por parte de la pareja, lo que tiene un alto impacto en su salud integral. Específicamente en salud sexual y reproductiva, a menudo hay escasez de provisiones de anticonceptivos, incluyendo condones, y puede ocurrir que aumenten los embarazos no deseados o inoportunos, los abortos en condiciones de riesgo, y el contagio de ITS.

Para descargar Revista Mujer Salud Nº 1, 2010:

http://www.reddesalud.org/recursos/rec1.php?id=23

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