Directoras de periódicos: notorias por su ausencia

27 de Junio: Día Nacional del Periodista y de la Periodista

Por: Teresa Sosa

Llegar a conclusiones de validez mundial sobre la influencia de las mujeres en las organizaciones de prensa se hace difícil, porque algunos de los estudios que se han divulgado están centrados en países específicos y se refieren fundamentalmente a los países occidentales desarrollados. Para este artículo hemos tomado como ejemplo el caso de Suecia, para dilucidar desde allí otros asuntos.

Suecia es un país que durante años consecutivos ha venido figurando en el primer lugar del índice de brecha de género elaborado por el Foro Económico Mundial (FEM), es decir,  que existe  en ese país una encomiable equidad entre los hombres y las mujeres.

Sin embargo, el bajo empoderamiento de las periodistas en el ejercicio profesional en Suecia, aparece reflejado en uno de los estudios más serios e importantes sobre este tema realizado en esta primera  década del Siglo XXI, se trata del informe “The Gender of Journalism” (El Género del Periodismo), de Monika Djerf-Pierre, Suecia, publicado en la revista ‘Nordicom’ (2007).

Esto muestra, que incluso en un país con validez científica de que existe una igualdad entre los géneros de primer rango, de acuerdo a valoraciones de la estadística e indicadores sofisticados del desarrollo humano, en la sociedad sueca el periodismo es un terreno dominado por los hombres y es en los periódicos donde se presenta el peor panorama.

En ese país en el terreno de los medios de comunicación las mujeres constituyen la mitad de quienes ejercen el periodismo, pero la participación de éstas es baja en los niveles de poder más altos de las organizaciones de medios, por ejemplo, tres de cada cuatro directivos de los medios son hombres, según el informe Djerf-Pierre. Lo que no es para asombrar, porque los medios son parte de la sociedad y es obvio que éstos reflejen en su estructura un mundo dominado por los hombres, sucede en Suecia pero en otros países es peor.

Lo que pone de manifiesto que no es suficiente que las mujeres inunden las escuelas universitarias de comunicación social y sean en mayor cuantía el número de profesionales que obtienen el título, porque la ideología patriarcal actúa sobre ese poder potencial de las mujeres  en el ejercicio periodístico y diluye su posible influencia para que no haya cambios en el timón.

La principal conclusión de la autora del  estudio sueco mencionado, es que el estatus, el prestigio y el poder han sido asociados en la cultura patriarcal con concepciones de la masculinidad y éstas, a su vez, han sido asociadas con las creencias que sustentan la imagen de la misión periodística liderizada por los hombres, señala Djerf-Pierre.

Cultura y Periodismo

La conclusión del informe Djerf-Pierre muestra la manera cómo en la práctica periodística se expresa la interiorización de la cultura. Sucede que el poder de la cultura permite que en la práctica periodística los propietarios de medios y  las/los periodistas se arraiguen a ciertas disposiciones patriarcales previas entronizadas en el periodismo desde antaño, en mayoría no escritas, para la dirección,  el desempeño profesional, para entender el mundo.

Y aunque el Género y  su perspectiva ya ha sido validado por la ONU y otros organismos internacionales como formando parte de la agenda mundial que incluye  a los medios de comunicación como  operadores del Género, éste aún no está en los periódicos.

La desigualdad de las mujeres periodistas se observa en los puestos informativos en los órganos de prensa. Las periodistas suelen desempeñar sus funciones en secciones como: Sociedad, Comunidad, Arte o Cultura, o en aquellas cónsonas con la ‘feminidad’ o los temas alusivos a la función de cuido asignada por la cultura a las mujeres: Familia, Niñez, Educación, Salud.

Por el contrario, los periodistas suelen ocupar las secciones profesionales más valoradas: Política ya sea nacional o internacional, Economía, también la de Deportes, que está centrada en dar a conocer las proezas de los varones deportistas.

Estas disposiciones duraderas aprendidas, de manera implícita o explícta, han pasado a ser una tradición periodistica que interactúa con la cultura patriarcal. Los hallazgos de investigadores como Waren Breed (1972), muestran que la dinámica del control social se reproduce dentro de las organizaciones de  los medios. Esto ha dado como resultado que el/la periodista rehuya el cambio y considere como un valor el mantenerse dentro de los límites que marcan los cánones del periódico.

Entonces, en la práctica periodística, las disposiciones previas, como cultura interiorizada, toma la forma de disposiciones orientadoras de la acción, que en buena medida se constituyen a partir de la adquisición de valores y actitudes sancionadas de acuerdo con el orden social patriarcal prevaleciente, instaurado en la prensa escrita por los primeros varones que fundaron periódicos  hace ya siglos.

¿Por qué ellas no han tomado el timón?

En primer lugar, porque los propietarios de los medios son hombres y casi todos nombran a hombres en los directorios de los periódicos. En segundo lugar, porque los  mandatos culturales de género ejercen mucha presión sobre las vidas de las periodistas y éstas los acatan como  su deber y obligación; por ejemplo, estar siempre pendientes del cuido de hijos/hijas y del marido, porque si no, ellas se sienten culpables. La “hora de cierre” de un periódico puede ser la medianoche o incluso un poco más. Las que aceptan el reto de tomar el timón si se lo ofrecen, deben “ingeniársela” para ser responsables en el trabajo  y a la par no tener “descuidada” a su familia.

Claudia Izaguirre, editora general del periódico ‘Perú 21’, cree que no son los hijos/hijas los que limitan a las mujeres periodistas, sino  que esa presión de estar temprano en casa y atender a los hijos/hijas viene sobre todo de los hombres, es decir, de los maridos machistas.

Sara Lovera, periodista mexicana de larga trayectoria, directora de CIMAC, dice al respecto: “Estamos cambiando de piel de manera sistemática pero seguimos siendo vistas como algo de menor valor, en el caso de los maridos, prima el deseo en ellos de ejercer el poder sobre la mujer, y más en casa”.

La historia habla

En las disposiciones previas, como cultura interiorizada, a las que ya hicimos alusión,  la prensa escrita ha jugado un papel relevante, no sólo ahora, sino desde hace siglos. Todo este asunto de que son sólo  las mujeres las destinadas al cuido y la crianza  de la descendencia y que los hombres están exonerados de esta reponsabilidad, viene de lejos, siendo la prensa escrita fundada y dirigida por hombres en los albores del siglo XVIII,  uno de los medios que contribuyó a afianzarla como mandamiento en las mujeres.

Desde  la primera mitad del siglo XVIII en periódicos de Gran Bretaña y de Francia, comenzaron a aparecer periódicos que comentaron las necesidades intelectuales y sociales de las mujeres, pero, desde el punto de vista  de los varones. Se dieron cuenta de la necesidad de educar a las mujeres, porque juzgaron que las madres ejercen un papel fundamental en la crianza de la descendencia, no admitiendo que igual importancia y responsabilidad le concierne a los padres.

En Latinoamérica y el Caribe después de la Independencia y hasta buena parte del siglo XIX en las nuevas repúblicas surgieron periódicos dirigidos a las mujeres. Por ejemplo, el 30 de marzo de 1826, aparece en Caracas el primer número de ‘El Canastillo de Costura’ con un artículo de ‘Modas’ y otro de ‘Variedades’. Era un periódico para las mujeres, pero dirigido y escrito por hombres.

El título de la mencionada publicación caraqueña es cónsono con el quehacer de las mujeres de la clase alta de ese entonces, que recibían educación informal en sus hogares y habían aprendido a leer y escribir. Las mujeres venezolanas del siglo XIX tenían como única posibilidad para asegurar su sustento, el matrimonio; pasaban la vida en el bordado, el tejido, y otros oficios “propios de  su sexo” en el encierro doméstico, condición que de igual manera estuvo presente en las mujeres de otros países de la región.

Más adelante en el siglo XIX, las mujeres instruidas de la clase alta de Latinoamérica y el Caribe comienzan a ser invitadas por los periódicos, dirigidos por hombres, para que ellas escribieran para formar buenos sentimientos, pero excluidas de la toma de decisiones. Y esa es la tradición jerarquizada, heredada,  que aún rige en la primera década del Siglo XXI, sin  descartar que existan honrosas (pero escasas) excepciones en alguno que otro órgano de prensa.

Edición impresa Diario de los Andes en PDF para descargar:

PDM_27_06_2010_

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