La Esclava en la Colonia

noviembre 29, 2009

En 1995,  la excelente  revista feminista Mujer/Fempres, que dejó de publicarse en diciembre de  2000, después de  una veintena de años ininterrumpidos de ediciones mensuales,  hizo una edición especial dedicada a las mujeres negras latinoamericanas y caribeñas, donde fue publicado el artículo La Esclava en la Colonia, que hoy difundimos. Fue escrito por la feminista venezolana María del Mar Álvarez. Transcurridos 14 años de su publicación, el artículo continúa siendo un importante documento  de referencia,   porque da a conocer aspectos de la vida, datos históricos, de la mujer esclava venezolana, no contados hasta ahora por la historiografía tradicional. Lo traemos  hoy a este espacio, en el marco de la conmemoración del Día Internacional  por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres,  para rendirle un homenaje a la esclava venezolana heroica, por su coraje,  valentía y resistencia para enfrentar a la Violencia Social y a la Violencia de Género extrema, de la que fue víctima.

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Por: María del Mar Álvarez*

La situación de los esclavos era de explotación. Considerados una mercancía, eran tratados como un instrumento de trabajo. Constituyeron el elemento que significó un cambio en la  estructura económica colonial.  Sin el aporte de esa fuerza de trabajo, la expansión del cultivo del cacao -petróleo de los siglos XVII y XVIII- no hubiera tenido lugar.

La Autora

El comercio de esclavos en Venezuela comenzó en el siglo XVI y tuvo su mayor auge en el siglo XVIII. El bajo rendimiento del trabajo indígena, primero en las minas y posteriormente en las labores agrícolas, incrementó dicho tráfico.

Como mercancía, tuvo una reglamentación legal. Se exigía una tercera parte de hembras en el lote general que se importaba. El sexo no constituía un factor que determinase un mayor o menor valor. La edad, la salud y las habilidades eran los elementos tomados en cuenta.

Como mercancía, el esclavo podía ser objeto de diversas negociaciones –como la venta- y la redacción del documento no era diferente al de la enajenación de un inmueble.

El comercio de esclavos constituyó un negocio muy lucrativo para los llamados negreros. Arrancados los negros de su tierra y grupo social, fueron transportados a América en condiciones infrahumanas; sobrevivían los más fuertes, un porcentaje considerable llegaba en malas condiciones y otro tanto moría antes del arribo al nuevo destino.

No concluían sus penalidades cuando llegaban a tierra. Al incorporarse al trabajo del amo, una vida de explotación les esperaba. Aquellos con riesgo de la pérdida de su fortuna explotaban al máximo la fuerza de trabajo esclava, hasta que perecían víctimas de desnutrición y de diversas enfermedades.

En este contexto general, transcurrió la vida de la esclava en la Venezuela colonial. Además de ser considerada una mercancía, constituyó un objeto sexual para los amos y sus hijos.

Para la esclava, el sexo constituyó el camino de la prostitución y paradójicamente en algunos casos les permitió una vida mejor y la conquista de su libertad.

La explotación de la fuerza de trabajo de la esclava estuvo encaminada en dos direcciones: a labores agrícolas y al servicio doméstico. A este último se dedicó un sector considerable, como ha sido tradicional en la división del trabajo que subyace en la sociedad y que consideraba dichas labores, como inherentes a la naturaleza biológica de la mujer. En cumplimiento de dichas tareas fueron lavanderas, cocineras, aseadoras de la casa, planchadoras y, en general, de las mujeres de la familia; las cuidaban en las enfermedades y actuaban como curanderas y preparaban bebedizos para que sanaran. Cabe destacar, como oficio importante, el de aya y nodriza de los hijos de los amos.

Igualmente importante era su fuerza de trabajo en las labores agrícolas. En un padrón de esclavos de la Hacienda Chuao, hoy en el Estado Aragua, realizado en 1671, de la población apta para el trabajo, a partir de los 12 años, de un total de 62 esclavos se contabilizaron 32 mujeres y 30 mujeres; en otro padrón de la misma plantación, del año 1742, de un total de 80 la mitad eran mujeres. No podemos generalizar dichas proporciones a todas las plantaciones de la Colonia, pero las mismas, dada la importancia económica de la Obra Pía, constituyen un indicador muy significativo del porcentaje equilibrado de la fuerza de trabajo esclava en las plantaciones coloniales.

La jornada de trabajo se iniciaba a las 4 de la mañana y, después de rezar, comenzaba la recolección de leña para el fuego, con participación de todos, y no había ninguna consideración  especial para la mujer grávida o con hijos para amamantar; había una edad mínima de 12 años y máxima de 60.

En cuanto a las condiciones de trabajo existentes entre las domésticas y la agrícolas, debemos considerar que las primeras se efectuaban en la casa del amo y las segundas en la intemperie, lo que determinó una preferencia de las esclavas por  las tareas domésticas y más si éstas eran cocineras y ayas, lo que les merecía un trato especial por parte de los miembros de las familias. No obstante, cuando pretendían casarse, comprar su libertad o hacer efectiva una justa aspiración, se rompía la vinculación humana y surgía el nexo jurídico de amo y esclava.

En otras labores realizadas por la negras durante la Colonia no pudimos precisar su carácter de libres o esclavas, a pesar de que la referencia encontrada fue en los años en que existía la esclavitud. Tal fue el caso de las llamadas panaderas, a quienes el Cabildo de Caracas, en 1661, ordena entregarles una fanega de maíz del depósito como medida de garantizar un pan más barato. El mismo Ayuntamiento, en  1701, hace alusión a las ventas de las negras en la plaza.

En relación al tipo de familia que tenían los esclavos, se hace necesario aclarar que, considerados una mercancía, eran vendidos separando a las parejas y a las madres de sus hijos. No podían tener una familia monogámica, al igual que sus amos, porque la esclava era un objeto sexual y no podía oponerse a los requerimientos amorosos de los varones miembros de la familia del amo. Habiendo perdido su condición de personas, tampoco podían organizarse como una familia poligínica, tal como estaban organizadas en África, donde el vínculo más estrecho era entre madre e hijo y es este último elemento el que perdura en las esclavas.

Como la negra permanecía vinculada a sus hijos, a pesar de la separación que imponía la venta de los mismos, podemos decir que, a través de este vínculo afectivo, se configuraba un tipo de familia particular de la esclavitud en Venezuela.

La esclava, al igual que los esclavos, no se resignaba a permanecer en esas condiciones. Para lograr su libertad, recurrió fundamentalmente a las vías jurídicas. En tal sentido reclamaba el cumplimiento  de las cláusulas testamentarias que le otorgaban su libertad algunos miembros de la familia que, por agradecimiento o por amor, testaban a su favor. Para lograr el cumplimiento de esa voluntad casi siempre tenían que recurrir a los tribunales y no pocas veces esa medida era revocada; también ofrecían dinero comprando su manumisión.

No descartó la esclava la conquista de su libertad al margen del derecho, como fueron las fugas y las sublevaciones, en las cuales, según la historia, hubo una participación femenina menor que la masculina, pero no por ello menos significativa. Cuando se escapaban de sus amos, fundaban la cumbe, poblaciones de negros ‘cimarrones’. La presencia de las negras como concubinas o esposas evidentemente era lo que determinaba la estabilidad del grupo social.

En la sublevación de los esclavos se 1795 se menciona a tres mujeres: Apolonia, Juana Antonia y Trinidad, condenadas a 200 azotes con recomendación de sus dueños de venderlas fuera de la jurisdicción.

Merece destacarse la historia de  Juana Inés y de Julián Cayetano  y Julián Cayetano, quienes habían logrado su libertad en la hacienda de Chuao vendiendo una arboledilla de su propiedad, con el compromiso de no regresar a Chuao ni a sus alrededores. Sin embargo, llegaron a Turmero, Juana Inés entró a la plantación y se escaparon 34 esclavos instigados por ella. Fue apresada junto a su compañero y desterrada a Veracruz. Este episodio, que no debió ser el último en esa etapa histórica, nos revela el papel tan importante de la esclava en la conquista de su libertad.

De igual manera una carta del 17 de mayo de 1603, del gobernador Juárez de Amaya, en la cual narra la larga lucha sostenida por el Capitán Cedeño Albornoz para derrotar la sublevación de los negros buceadores de perlas y esclavos cumaneses, menciona la prisión de una negra a quien los esclavos habían nombrado su reina. Constituye una incógnita para la historia el papel de dirigente o no de aquella esclava, pero el hecho revela lo afirmado anteriormente.

La esclava ubicada en la escala más baja de la estructura social de la Colonia ha permanecido oculta en la historia, al igual que la indígena y la mujer blanca. Con estas breves líneas pretendemos destacar su aporte en la economía como fuerza de trabajo a la par que el hombre y rendir homenaje a esa madre insigne en lucha por sus hijos y a esa mujer que luchó por conquistar su libertad. En esta forma develamos parte de esa historia no escrita e iniciamos la historia de la mujer negra en Venezuela.

*Abogada. Doctora en Derecho. Investigadora. Escritora. Primera Directora del CEM-UCV. Profesora Jubilada, UCV. Ex Defensora Nacional de Derechos de la Mujer (Inamujer)

Sugerencia: Si desea ver las ilustraciones en tamaño completo, coloque la manito del cursor sobre cada una y pinchelas.  En el texto se hizo el montaje de las ilustraciones en formato miniatura.


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