Por: Teresa Sosa
El miércoles 25 de noviembre estará dedicado a nivel mundial a acciones de diferente índole, a favor de la eliminación de la violencia de género, que es la violencia que se ejerce contra las mujeres por el sólo hecho de serlo. Éste no es un ‘fenómeno social’ reciente, que apareció en el mundo en este siglo o en el anterior, sino que, aunque suscite incredulidad, tiene miles de años actuando en el planeta tierra. Dedicamos la edición de hoy a moverle los cimientos a la violencia simbólica, que ha perpetuado a la violencia de género.
La representación simbólica de la violencia de género es evidente en
numerosos restos arqueológicos, documentos antiguos, obras pictóricas, en museos y bibliotecas destinadas al resguardo de las reliquias de civilizaciones antiguas, que estuvieron asentadas en las demarcaciones geográficas llamadas continentes de la geografía del planeta tierra.
La violencia de género está sustentada en la base ideológica simbólica fundacional del patriarcado, como sistema de organización social que rige en el mundo entero.
La violencia de género ha estado presente en civilizaciones antiguas (ejemplo, Grecia) y transmutada, sigue vigente en nuestros tiempos, tanto en los países capitalistas como en los socialistas y en todas las civilizaciones y culturas. Se difunde a manera de vasos comunicantes en todo el tejido social desde su primera instancia, la simbólica.
De la relación entre la violencia simbólica y la violencia de género, desarrollamos a continuación algunos puntos de vista.
La desigualdad social entre los sexos
La desigualdad que existe en el posicionamiento social de los sexos/géneros, femenino y masculino, es una de las expresiones sociales obvias de la dominación masculina en la cultura patriarcal. Siendo esa desigualdad social la que hasta el día de hoy perpetúa a la violencia de género.
Nuestro criterio es, que en la deconstrucción de la violencia de género, con fines educativos, pedagógicos, comunicacionales, transformadores, lo verdaderamente significativo sería visibilizar y tematizar, en los actuales momentos, a la dominación masculina, haciendo énfasis en lo simbólico patriarcal, desde las diversas expresiones culturales que cursan de manera paralela con la desigualdad social entre los sexos, en todo el discurrir del desarrollo histórico de la humanidad.
Sin lugar a dudas, es una ardua y hasta peligrosa tarea, porque toca a fueros y poderes masculinos de instituciones muy reconocidas y prestigiadas como la ONU, que desarrolla programas a nivel mundial para erradicar la violencia de género, pero que a más de 60 años de su existencia, todavía no ha sido dirigida por una mujer, y lo mismo sucede con la OEA. Ocurre que el patriarcado ha creado a lo largo de la historia una jerarquía simbólica que coloca hacia arriba (con poder) al sexo/género masculino y hacia abajo (sin poder) al sexo/género femenino.
Señalamos que es tarea para los actuales momentos visibilizar y confrontar a la violencia simbólica, porque la agenda de emprendimientos gubernamentales y no gubernamentales, para erradicar a la violencia de género, en los diferentes países y regiones del mundo, aunque ha alcanzado logros parciales, también ha arado en el desierto y no ha tocado fondo, debido a que la violencia simbólica surte el efecto de ahogamiento de esta posibilidad, porque el patriarcado no es claudicante y lo simbólico es el meollo.
Aparece el Género
La arquitectura formal de dominación simbólica fue puesta en cuestión a finales de la década 60 del siglo XX, dando inicio a un amplio y diversificado trabajo en el campo de los estudios feministas, con aportaciones conceptuales importantes en los últimos treinta años. A partir de la formulación de la teoría de ‘Género’ como categoría de análisis de la desigualdad entre los sexos en la sociedad, se produce un avance notable, ya que el concepto de género permite mostrar que la desigualdad no es “natural” sino que ha sido construida por la cultura.
La divulgación de algunos análisis de feministas académicas indica que las estructuras mentales, en su dimensión sexuada, han sido creadas por la dinámica sociocultural expresada en el género. Y que los sujetos masculinos o femeninos son determinados a través de mecanismos sociales, en su mente y en su cuerpo, y por consiguiente, en la construcción de su subjetividad, por un orden simbólico relativo a la diferencia sexual, traducido en jerarquías sociales.
Violencia simbólica
En la sociedad patriarcal existe un conjunto de disposiciones durables y transferibles; estas directrices, que son simbólicas, cumplen funciones de reforzamiento que se inculcan y mantienen constantemente en las redes sociales; constituyendo un capital social simbólico de prácticas legitimadoras, que forma una conciencia cotidiana que colabora inconscientemente con la producción y reproducción de estas pautas del orden social patriarcal.
La violencia simbólica es acumalativa, mutable y reversible, lo cual incrementa y explica su eficacia reproductiva, de siglos a siglos, de unos períodos históricos a otros.
La legitimación de la cultura dominante en la mente de las mujeres se logra cuando éstas, como subordinadas, interiorizan a la cultura patriarcal y sus pautas como propias, o al menos, como las deseables. De esta manera, el patriarcado sitúa su control social en las mentes de las mujeres con naturalidad; construye la subjetividad, de manera tal, que las mujeres la vivencian como una auténtica identidad personal.
Este proceso, conforma una violencia simbólica que transforma unas relaciones arbitrarias, impuestas, en relaciones legítimas y oficialmente reconocidas. La legitimación es necesaria al patriarcado para garantizar que las relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, que ha impuesto, le permitan perpetuarse como poder y única forma de relacionarse hombres y mujeres.
Insistimos, la imposición-interiorización de lo simbólico de la dominación es inconsciente, no se tiene noción consciente del control e imposición de que se es objeto. Es decir, arranca sumisiones que ni siquiera se perciben, apoyándose en creencias socialmente inculcadas, transformando las relaciones de sumisión y dominación en relaciones afectivas.
Instancias reproductoras legitimadoras
La violencia simbólica en la sociedad contemporánea comienza en la Familia y continúa en la Escuela y demás instituciones en que se condensa la cultura de la sociedad patriarcal: Religión, Arte, Ciencia, Medios de Comunicación…
En esta oportunidad nos referiremos a la Escuela, el Estado y a los Medios de
Comunicación, de manera breve.
La Escuela y su aparato contribuyen a la formación de las disposiciones durables y transferibles, que tienen que ver con la socioconstrucción de las subjetividades. El patriarcado requiere legitimar su cultura, y esa función le corresponde por encargo al aparato escolar y a su acción pedagógica. La construcción de las ‘costumbres deseables’ que se ha iniciado en la Familia, continúa en la Escuela.
El Estado ejerce también funciones de reproducción y sostenimiento de las disposiciones durables y transferibles de dominación de la cultura patriarcal. Un ejemplo: la posición superior de los varones en las estructuras de
Gobierno y en todo el aparato del Estado, pasa a reforzar lo simbólico de la ideología patriarcal. Más aún, si en esas estructuras de poder político la mayoría son varones. De ser así, se da el terreno apropiado para la transferencia perfecta de la subordinación y obediencia de parte del mínimo de mujeres con “poder político” hacia las estructuras del poder político real, que es ejercido por la mayoría de varones.
Por su parte, los medios de comunicación en sus anuncios publicitarios
difunden violencia simbólica, con su exhibición del cuerpo de la mujer sometido a su control, que es utilizado desde el punto de vista masculino-machista, como objeto de mercado, y para dar satisfacción a los hombres.
Como hemos visto, analizando algunas claves simbólicas del poder patriarcal, su relación con la violencia de género tiene más que suficiente peso específico. Pero, como dice Pilar Ballarín: “Las mujeres al afirmarse en sí mismas han sido y somos agentes de transformación de los espacios definidos por otros; las mujeres hemos traspasado las fronteras simbólicas entre el patio y la casa y, al hacerlo, estamos contribuyendo a redefinir el mundo de forma más justa e igualitaria”.
¡Sigamos adelante en esta tarea!
Nota: Por favor colocar el curso sobre las imágenes, debajo aparece la leyenda.